domingo, 28 de agosto de 2011


No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas.
Se equivoca el que, por temor a equivocarse, no camina.

No se equivoca el hombre que busca la verdad y no la encuentra.
Se equivoca el que, por temor a errar, deja de buscarla.

sábado, 27 de agosto de 2011


En el comienzo de su lucha, el guerrero de la luz afirmó: "Tengo sueños."
Después de algunos años, percibe que es posible llegar a donde quiere; sabe que será recompensado.
Llegado ese momento, se entristece. Ha conocido la felicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad, y considera que no merece lo que está a punto de recibir.
Su ángel susurra: "Entrega todo". El guerrero se arrodilla y ofrece a Dios sus conquistas.
La Entrega obliga al guerrero a parar de hacer preguntas tontas, y lo ayuda a vencer la culpa.

viernes, 26 de agosto de 2011


Incluso después de todo este tiempo
el Sol nunca le dijo a la Tierra "vos me debes"
Miren lo que sucedería con un amor asi ...
Iluminaría en cielo por completo ...

~ Hafiz

" La ignorancia y la inocencia tienen una similitud, pero no son lo mismo. La ignorancia es, al igual que la inocencia, un estado de desconocimiento. Pero hay una gran dife­rencia que hasta ahora la humanidad ha pasado por alto. La ino­cencia no es erudita, pero tampoco desea ser erudita. Es absoluta­mente feliz, plena... El primer paso del arte de vivir es crear una línea de demarca­ción entre la ignorancia y la inocencia. La inocencia tiene que ser alentada, protegida, porque el niño trae consigo el mayor tesoro, el tesoro que los sabios encuentran tras arduos esfuerzos. Los sabios dicen que se han vuelto niños otra vez, que han renacido... Cuando te das cuenta de que has perdido la vida, el primer prin­cipio que hay que recuperar es la inocencia. Desecha tus conoci­mientos, olvida tus escrituras sagradas, olvida tus religiones, tus teologías, tus filosofías. Nace otra vez, vuélvete inocente: está en tus manos. Limpia tu mente de todo aquello que sabes, de todo lo que es prestado, de todo aquello que proviene de la tradición, del convencionalismo, de todo aquello que te ha sido dado por otros: padres, profesores, universidades... Simplemente deshazte de ello. Vuelve a ser simple, vuelve a ser un niño. Y este milagro es posi­ble a través de la meditación."

"Erase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más de prisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensó: "¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!". Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia de la capacidad de volar del pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: "Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse".
El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban: "Eres una persona que lo tiene todo". Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba solo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.
Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "¿Por que has venido?", le preguntó a la muerte.
"Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo -respondió la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo".

Once Minutos
Paulo Coehlo

jueves, 25 de agosto de 2011


"Mi religión consiste de admiración humilde al infinito espíritu superior quien se revela a si mismo en los más mínimos detalles que somos capaces de percibir con nuestra débil y dispersa mente."


Albert Einstein