" La ignorancia y la inocencia tienen una similitud, pero no son lo mismo. La ignorancia es, al igual que la inocencia, un estado de desconocimiento. Pero hay una gran diferencia que hasta ahora la humanidad ha pasado por alto. La inocencia no es erudita, pero tampoco desea ser erudita. Es absolutamente feliz, plena... El primer paso del arte de vivir es crear una línea de demarcación entre la ignorancia y la inocencia. La inocencia tiene que ser alentada, protegida, porque el niño trae consigo el mayor tesoro, el tesoro que los sabios encuentran tras arduos esfuerzos. Los sabios dicen que se han vuelto niños otra vez, que han renacido... Cuando te das cuenta de que has perdido la vida, el primer principio que hay que recuperar es la inocencia. Desecha tus conocimientos, olvida tus escrituras sagradas, olvida tus religiones, tus teologías, tus filosofías. Nace otra vez, vuélvete inocente: está en tus manos. Limpia tu mente de todo aquello que sabes, de todo lo que es prestado, de todo aquello que proviene de la tradición, del convencionalismo, de todo aquello que te ha sido dado por otros: padres, profesores, universidades... Simplemente deshazte de ello. Vuelve a ser simple, vuelve a ser un niño. Y este milagro es posible a través de la meditación."
No hay comentarios:
Publicar un comentario